¿POR QUÉ SE “CHIVAN” LOS NIÑOS?

Alguna vez te has hecho esa pregunta tan incómoda… ¿por qué se CHIVA tanto mi hijo?, ¿verá algo en casa (en MI CASA) que provoque esa actitud?…

chivato

Ante este tipo de situaciones conviene profundizar, intentar saber si detrás de esas acusaciones constantes por parte de unos niños sobre otros hay algo más; si tal vez el niño que se chiva esté buscando que se le preste atención, si posiblemente no estamos escuchándole con la debida atención cuando nos quiere contar sus cosas, si puede ser que no le estemos dedicando ese tiempo que necesita para él y solamente para él.

“Papá, Juan ha roto el vaso de la abuela”, “Profe, María se ha colado en el tobogán”, “Mamá, Elena no se come el filete…”

Cuando un niño acusa a otro de estar haciendo algo que va contra las normas establecidas pueden estar pasando muchas cosas a la vez. Puede que simplemente, y con independencia de lo que esté ocurriendo, quiera llamar la atención; o tal vez su deseo sea complacer a los mayores, ganarse su favor frente al resto; o demostrar que ha aprendido muy bien esas normas que le han enseñado, o que piensa que tiene una especie de obligación en denunciar aquello que no funciona de acuerdo con ellas.

A partir de los cuatro años, una serie de cualidades relacionadas con lo que es decoroso, honrado o razonable empieza poco a poco a tener cabida en la mente del niño; y cuando el otro no se comporta de acuerdo a esa deseable nebulosa que va adquiriendo, levanta la mano y le acusa, en una especie de ejercicio diferenciador entre el bien y el mal, como actitud alternativa a la violencia que los adultos le enseñamos a rechazar. De este modo, chivarse sustituye a pelearse, pero como en todos los campos, los extremos nunca son deseables…

Chivarse en exceso puede implicar dificultades para un correcto desarrollo social, encubrir un exagerado espíritu competitivo y un deseo de colocarse por encima de los demás de forma notoria, y sobre todo perceptible por los adultos, cuyo favor se pretende obtener. Los padres ven cómo esa actitud suele estar muy patente entre hermanos y no siempre es fácil guardar el necesario equilibrio para destacar lo que está bien hecho y a la vez no premiar muy visiblemente al chivato, pues esta conducta llevada a cabo de manera permanente no se enmarca tampoco en el ideal de comportamiento.

Un niño que puntualmente destaca una acción que otro ha llevado a cabo, y que no es buena, puede estar aumentando su autoestima, ya que es capaz de trasmitir y demostrar que puede ser digno de confianza. Pero cuidado con fomentar la cultura del soplón dando por bueno que es siempre es cierto lo que nos dice, frente a los demás… conviene hacerle ver que él también puede haber hecho cosas fuera de la norma más purista, que “nadie es perfecto”, y que todos juntos vamos a poner los medios para mejorar. Y si no hemos visto la acción denunciada, dejemos en nuestra mente cierto beneficio a la duda, comprobemos, seamos adultos y actuemos con equilibrio y distanciados de actitudes exageradas.

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