LA HIGIENE ES TAREA BÁSICA…, PERO CUIDADO CON EXCEDERNOS

La importancia de la higiene es indiscutible, pero… 

Lavar-manos

Desde un punto de vista preventivo, la higiene es fundamental para  ese estado completo de bienestar físico, mental y social que busca el hombre moderno; muchas afecciones muy contagiosas forman ya parte del pasado gracias a una serie de hábitos sencillísimos como lavarse las manos antes de comer o después de ir al servicio, o cepillarse los dientes, o la ducha diaria, hábitos estos que conviene transmitir a nuestros niños para ayudarles a mantener una buena salud.

Esta acción es fundamental ahora que nuestra esperanza de vida se ha triplicado en un corto espacio de tiempo y donde la vinculación del binomio salud-calidad es patente.

A partir de los primeros años es indispensable crear en los niños hábitos de higiene y procurar que los incorporen a la vida diaria; pero esta es una tarea que requiere tiempo y paciencia y lo mejor es que “prediquemos con el ejemplo” y seamos firmes en el cumplimiento de las normas de higiene. Pero cuando hablamos de buenos hábitos no nos referimos a que el niño esté siempre pulcro e impecable, sino a que aprenda que en algunas ocasiones (cuando utiliza pinturas, cuando va de excursión…) el hecho de ensuciarse es algo normal, pero que en otras (por ejemplo, una comida familiar), tendrá que estar limpio y aseado. Tal y como veremos en este escrito, podemos facilitarle la  labor en determinados momentos, para que desarrolle un sentimiento de independencia, bienestar y cuidado de su propio cuerpo.

Sin excedernos: La obsesión por la higiene causa asma y alergia.

No obstante, “todos los excesos se pagan”. Como consecuencia de la búsqueda de una especie de mundo aséptico dentro de los hogares de los países más ricos, los niños no desarrollan óptimamente su sistemas defensivos ya que no reciben los estímulos de agentes alergenos contenidos en el polvo y otros elementos que provocarían una generación de anticuerpos de forma natural y que protegerían en un futuro al niño. Las permanentes esterilizaciones, los detergentes antibacterias y otros productos de limpieza presentes en el mercado pueden contribuir a la aparición de alergias precisamente por ese exceso de limpieza. Los desinfectantes demuestran su efectividad contra las bacterias pero poco pueden hacer contra los virus, con lo que el abanico de protección se reduce bastante; y si consideramos además la posibilidad de que los elementos antibacterianos puedan provocar la aparición de resistencias (recordemos la progresiva pérdida de eficacia de los antibióticos) que podrían agravar el problema, el uso indiscriminado de esta tipología de productos pierde su razón de ser.

Un hogar sano y limpio con los consejos clásicos

Por tanto parece que se impone nuevamente el sentido común. El uso de detergentes clásicos, con una correcta higiene no obsesiva en el hogar, el lavarse las manos antes y después de comer o de utilizar el lavabo, el intentar taparse la nariz y boca con un pañuelo al toser o estornudar (para evitar mayor propagación de eventuales virus) se constituyen como medidas básicas y fáciles de llevar a cabo para prevenir enfermedades, sin caer en la búsqueda del hogar-burbuja de difícil justificación práctica.

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