EL ARTE DE DESAHOGARSE

 ¿ CONOCEMOS ESA SENSACIÓN?, ¿QUÉ PASA?, ¿QUÉ ES UNA CATARSIS EMOCIONAL?

De repente sentimos una frustración total que nos ciega… nos rechinan los dientes… ¡todo nos ha salido mal!. La rabia y la ira nos desbordan… ¡estamos hartos de esta vida!. Si pudiéramos descargarnos en alguien…

miedo

LO QUE NECESITAMOS ES DESAHOGARNOS. Podemos permitirnos un tiempo para estallar de forma violenta… ¡no pasa nada!. Llegaremos a una catarsis maravillosa… ¡fuera desequilibrio emocional! (al menos durante un rato).

Cuando el conjunto de tensiones musculares crónicas se agudiza, nuestra estructura muscular crea una “armadura” que protege de las experiencias emotivas dolorosas y amenazantes. Nuestra armadura NOS DEFIENDE de los impulsos peligrosos derivados de la propia personalidad y de los ataques de los demás, pero, cuidado… la naturaleza del ser humano está abierta a la vida y al amor (primera naturaleza). Si nos conservamos protegidos, herméticamente cerrados en una armadura, aislados, desconfiando de todo y de todos, adoptaremos  lo que se ha dado en  llamar la segunda naturaleza de nuestra cultura y esta estructurará nuestra personalidad, constituyendo un daño grave e imposibilitándonos más que el propio dolor que tratamos de evitar.

¿Cómo llegamos entonces al corazón?. Las defensas para proteger al corazón del peligro de un trastorno en su funcionamiento (ansiedad en latidos apresurados) se estudian y analizan en relación con la experiencia vital del individuo. Sobre ellas se trabaja con CUIDADO hasta llegar al corazón del sujeto. Las capas defensivas se agrupan en círculos concéntricos hasta llegar al círculo núcleo, donde estaría el corazón.

La primera es la capa del ego o capa de las defensas psíquicas, es la más externa de la personalidad. Nosotros nos defendemos utilizando en ocasiones la negación, el reproche, la desconfianza, las racionalizaciones, las intelectualizaciones…, la segunda capa es la capa muscular o capa de las tensiones musculares crónicas que apoyan y justifican las defensas del ego. La tercera capa o capa de las emociones reprimidas recoge la cólera, el pánico o terror, la desesperación, la tristeza, el dolor, la rabia. La cuarta capa es el corazón o sentimiento de amar y ser amado.

El grito que utilizamos para descargar la RABIA es una explosión dentro de nuestra personalidad que momentáneamente quebranta la rigidez creada por la tensión muscular crónica y además debilita las defensas del ego en la primera capa. El llanto y los sollozos suavizan  y ablandan las rigideces corporales. El miedo es más difícil de evocar, porque si no sale a la superficie y actuamos directamente sobre él, el efecto catártico de liberar, los gritos, la rabia y la tristeza, duran poco. Pero CUANDO DEMOS RIENDA SUELTA A LAS EMOCIONES REPRIMIDAS Y DESPUÉS DE DURAR NUESTRO EFECTO CATÁRTICO… NOS VOLVEREMOS A INSTALAR EN NUESTRAS DEFENSAS.

¿Cómo provocar nuestro grito?. El grito está bloqueado por tensiones musculares de la garganta. Si aplicamos una presión firme con los dedos a los músculos escalenos anteriores a lo largo del cuello mientras la persona emite un fuerte sonido, este se convertirá frecuentemente en grito. El grito continuará generalmente después de suprimida la presión, especialmente cuando hay necesidad de gritar. Y luego pasaremos a la primera capa para determinar a qué se debía y por qué era necesario que lo reprimiéramos. Nos concentramos, por tanto, sobre el problema del cuerpo (garganta tensa y oprimida) y deja de ser una maniobra catártica para convertirse en un proceso de apertura.

¿CUÁNDO NOS DESAHOGAMOS?, ¿ES UN DESAHOGO VIOLENTO?, ¿PERDEMOS LOS NERVIOS?. 

Existen situaciones propicias para perder los nervios:

  •  Cuando, en medio de un atasco de tráfico, un conductor se nos cruza justo cuando vamos a avanzar después de llevar un buen rato parados; entonces, con nuestra tensión al límite, apretamos los dientes y casi lo invadimos con nuestro coche… ¡SOMOS NOSOTROS MISMOS! ¿Nos reconocemos?.
  •  Cuando no encontramos las llaves de casa y empezamos a buscarlas por todos nuestros bolsillos, incluidos los interiores de la chaqueta. De repente escuchamos una palabra malsonante… ¡ SOMOS NOSOTROS MISMOS! ¿Nos reconocemos?.
  • Cuando viajando en el metro o en el autobús, alguien nos da una patada en el tobillo que tenemos vendado porque se nos torció. Entonces, de repente, escuchamos un grito ahogado… ¡ SOMOS NOSOTROS MISMOS! ¿Nos reconocemos?.

 ¿NOS SENTIMOS CULPABLES?, ¿ES BUENO DESCARGAR LA RABIA CONTENIDA CUANDO VAMOS ACUMULANDO CUPONES?. 

Dentro de la cultura emocional reconocemos seis emociones naturales:

  1.  Miedo o reacción de alarma.
  2. Tristeza o emoción de duelo.
  3.  Rabia o emoción de rebeldía.
  4. Alegría o reacción expansiva.
  5. Amor o reacción de sociabilidad.
  6. Poder o reacción asertiva.

Cuando conocemos, por ejemplo, que alguien nos ha traicionado, la reacción natural es de rabia. Esta emoción nos dará energía para modificar esa situación lesiva, servirá para defendernos, poner límites, demostrar lo que nos molesta y desencadenar comportamientos agresivos. La reacción emocional es un indicador válido para poder analizar una situación y atemperar el paso que se ha de dar a continuación. En cambio, muchas veces inhibimos la expresión de una emoción natural sustituyéndola por otra. Cuando la reacción emocional es desmedida o incoherente con relación al estímulo que la despierta, aparece UNA EMOCIÓN APRENDIDA que tiene un carácter manipulador y que procura esconder LA OTRA EMOCIÓN NATURAL que no está permitida. Es un SUCEDÁNEO y ocurre especialmente en las personas “inalterables”. Estos sentimientos aprendidos difieren de las emociones naturales por su complejidad; por ejemplo, la envidia combina los celos, la rabia, el desdén, el deseo… y sobrevienen cuando nos prohibimos la expresión de un determinado sentimiento y lo sustituímos por ese sucedáneo que nos parece “más aceptable” en la sociedad. Sin embargo, la sustitución acarrea inconvenientes. De entrada, la persona entra en confusión ante la experiencia emocional porque cree que hay sentimientos permitidos y sentimientos prohibidos que no debe expresar aún cuando los experimente. A continuación, la expresión del sentimiento sustitutorio le deja insatisfecho, porque el auténtico no ha hecho su catarsis, y de esta forma va incrementándose el embrollo emocional.

¿Por qué sentimiento suplantamos la rabia?

La rabia es suplantada por:

  •  Falsa alegría: cuando alguien se hace daño o sufre cualquier tipo de frustración y los demás se ríen de él.
  •  Falsa tristeza: la expresión de la rabia es prohibida o descalificada, pero el llanto inmediato es motivo para recibir caricias de lástima, como “pobrecito, no te preocupes, otra vez será…”
  •   Fobias: La impotencia ante la persona u objeto que produjo la rabia configura una repulsa total e indiscriminada hacia “tal tipo de personas”, hacia algo asociado con dichas personas o hacia los objetos que provocaron la rabia primitiva.
  •   Vergüenza y/o culpabilidad: Tras la liberación de la rabia se recrimina y se producen quejas culturales.
  • Confusión y falso miedo: “Cuando alguien se enfada no sabe lo que hace, se pone fuera de sí y es capaz de hacer cualquier disparate”. Ante la contundencia afirmaciones como esta, la persona inhibe la propia rabia porque es mala y peligrosa; de este modo, cuando se presenta un conflicto, la persona se queda “ sin saber qué hacer”, atolondrada y atemorizada.

La persona “inalterable” colecciona CUPONES, acumula sentimientos de enfado, ira, saña, enojo… el cupón es un sentimiento que hemos experimentado pero que no hemos logrado expresar y lo hemos almacenado como si fuese un cromo que pegamos en el álbum. Cuando pasa el tiempo y tenemos el álbum completo, nos creemos con derecho para expresar de forma intempestiva la totalidad de los sentimientos que hemos ido acumulando sin darles cauce. El motivo que da pie a la explosión puede ser cualquier pequeñez, “la gota que desborda el vaso”, situaciones como las anteriores en las que perdemos los nervios o situaciones de otro tipo, por ejemplo:

  • Cuando alguien ha cometido un error… (me enfado…).
  •  Cuando alguien ha conseguido un éxito… (me enfado y me sienta mal y digo que no me lo explico…).
  •  Cuando digo “mira dónde me has hecho llegar…” (me enfado contigo y te achaco mis propios errores…).
  • Cuando digo “si no fuera por mí…” (me disgusto por tener a mí alrededor gente tan incompetente).
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