EL ENORME VALOR DE LA ACEPTACIÓN: vivir o simplemente sobrevivir.

Por: MARIO ALONSO PUIG
Publicado en: blogs/elconfidencial.com

padres3Los padres de una adolescente se habían separado después de que su convivencia se hiciera insoportable. La hija inicialmente se fue a vivir con su madre. Sin embargo, la relación entre ellas fue deteriorándose hasta llegar a un punto en el cual la madre le dijo a su hija que quería que se fuera a vivir con su padre. Durante bastante tiempo la joven vio cómo el resentimiento que sentía hacia su madre crecía sin parar, llenando su vida de amargura. Un día, después de asistir a un curso sobre relaciones humanas, tuvo una conversación profunda consigo misma y después, habló con su padre para decirle algo que no parecía razonable.

–Papá, voy a llamar a mamá y pedirle perdón por haberla hecho culpable del dolor que durante todos estos años he sentido.

Cuando no aceptamos a las personas como son ofrecemos una resistencia que nos desgasta y nos deforma como seres humanos La madre quedó tan profundamente conmovida después de la conversación que mantuvo con su hija, que llamó a su anterior pareja para que ambos se comprometieran en seguir siendo padres aunque ellos como pareja ya no se quisieran. La hija no cabía en su gozo al comprobar que, aunque sus padres seguirían estando separados, iban a ser de nuevo una familia. Una mañana, la madre les llamó para que fueran a su finca a pasar el día. A su hija se le ocurrió que sería una buena idea salir a comprarle un regalo. Al cruzar la calle, un coche la atropelló y la mató.

Al enterarse de lo que había ocurrido, los organizadores del curso sobre relaciones humanas al que la joven había asistido, quedaron profundamente afectados. Un mes después, recibían una carta del padre dándoles las gracias porque nunca había visto a su hija tan feliz como durante la semana en la que habían vuelto a ser una auténtica familia.

Una lección de la que aprender

La vida nos da muchas veces personas y cosas que nosotros no elegimos. Muchas veces nos rebelamos porque no nos gustan algunas de las personas y de las cosas que hemos recibido. Aunque resulte paradójico, podemos amar profundamente a alguien y sin embargo, vivir sin expresar verdaderamente ese amor porque no estamos dispuestos a aceptar a esa persona si no es con nosotros como nos gustaría que fuera. Cuando no aceptamos ofrecemos una resistencia que nos desgasta y nos deforma como seres humanos. A veces, algunas personas dicen o hacen cosas que nos duelen profundamente y a partir de esos hechos, nosotros, mediante el uso del lenguaje, hacemos una interpretación y construimos una historia que ya para nosotros no será una simple interpretación, sino la más auténtica realidad.

A partir de ese momento, buscaremos evidencias que corroboren esto y no cabe duda de que si buscamos con tenacidad, aunque sea una evidencia ridícula e insignificante, seguro que acabamos encontrando algo.

En tanto que no nos responsabilicemos de nuestra propia historia, de la narrativa que nosotros hemos creado y sigamos culpando a otras personas, nunca podremos ser libres para crecer y madurar como seres humanos.

Una consecuencia inmediata de esta falta de responsabilidad, es que sin ser nosotros plenamente conscientes de ello, permitiremos que el pasado determine tanto nuestro presente como nuestro futuro. Si no aceptamos a una persona que la vida nos ha dado, si no la aceptamos en su totalidad y no en base a los atributos que ella tenga, la estaremos constantemente rechazando y eso antes o después nos daña a todos. Por supuesto que es deseable que yo influya en la otra persona si creo que hay algo que pueda también a ella ayudarla a crecer. Sin embargo, cuando se influye desde la aceptación, la relación se transforma y adquiere una nueva dimensión. ¿Podemos imaginarnos el impacto que ello causaría en nuestra familia, con nuestros amigos e incluso en nuestro propio trabajo? Hoy te invito a recordar a un padre que en su inmenso dolor por la pérdida de una hija supo reconocer lo que para ella significó una semana viviendo plenamente, frente a muchos años en los que estuvo simplemente “sobreviviendo”.

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