Cómo conseguir una mente serena y enfocada: cuatro estrategias para desactivar las alarmas del ego

http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/empecemos-por-los-principios/2013-09-03/como-conseguir-una-mente-serena-y-enfocada-cuatro-estrategias-para-desactivar-las-alarmas-del-ego_23957/

MARIO ALONSO PUIG

El interés creciente por la neurociencia es del todo comprensible. Las investigaciones modernas nos muestran el camino para usar con más provecho nuestro cerebro. De la misma manera que se ha demostrado que la privación de sueño reduce la actividad del área prefrontal de nuestro cerebro, convirtiéndonos en personas más distraídas y más lentas a la hora de aprender, también se ha demostrado el impacto que los pensamientos perturbadores tienen en nuestras capacidades mentales. Todo es un asunto de prioridades. Si nuestra prioridad es sobrevivir, entonces no puede ser a la vez el aprender.

No cabe duda de que nuestro cerebro tiene dos misiones fundamentales. La primera es la de ayudarnos a sobrevivir, evitando tanto el sufrimiento físico como el emocional. La segunda misión es la de ayudarnos a adaptarnos al mundo en el que vivimos. Para adaptarnos hemos de explorar, conocer, descubrir, comprender y aprender. No cabe duda de que cuando un entorno es nuevo tenemos que estar alerta para localizar posibles peligros. Sin embargo, esto no solo no dificulta el aprendizaje, sino que lo potencia al estar más atentos y concentrados. Ya describieron con gran elegancia Yerkes y Dodson, dos fisiólogos de la Universidad de Harvard, cómo se necesita un cierto nivel de presión y de estado de alerta para ser eficientes y para aprender. Sin embargo, cuando pasamos de la situación de alerta a la de alarma, esto sí que es incompatible con el aprendizaje. La razón de ello es que hay una desorganización de la actividad del área prefrontal del cerebro que como sabemos es la que nos permite explorar, observar, mantenernos concentrados y aprender.

En medicina conocemos muy bien los efectos tan negativos del estrés crónico y no es otro que la activación sostenida de nuestro mecanismo de alarma. Una persona que está en situación de alarma, no piensa, sino que está a merced de unos patrones automáticos de conducta. Por eso nos volvemos irascibles, huimos o atacamos. Por eso es por lo que cuando no hay un peligro físico real, sino tan sólo una amenaza de sufrimiento emocional, hemos de evitar que este mecanismo de alarma controle nuestra vida. Imaginemos que alguien en nuestra casa ha tirado la colilla de su cigarrillo a nuestro suelo de madera. No cabe duda de que esto precisa que estemos atentos y rápidamente la apaguemos. Sin embargo, si por una razón u otra llegara a la central de bomberos el aviso de que nuestra casa está ardiendo y los bomberos empezaran a inundarla con agua a pesar de no ver las llamas, el tamaño del daño generado por esa reacción tan excesiva, sería mucho mayor que el tamaño del daño generado por la colilla en el suelo de nuestra casa. Algo parecido ocurre cuando el mecanismo de alarma de nuestro cerebro se activa de forma inadecuada.

Todos nosotros somos conscientes de cuándo esta reacción se ha puesto en marcha. Puede ser en el trabajo, en la calle o en casa. Basta que alguien haga un comentario poco afortunado o deje de contar con nosotros para una fiesta, para que podamos notar cómo nos tensamos, la respiración se agita y dejamos de pensar con claridad. Nadie nos ha amenazado físicamente, pero nuestro ego ha sido herido y está dolido y airado. Un ego así, siempre pone en marcha el mecanismo de alarma. En medicina conocemos muy bien los efectos tan negativos del estrés crónico y no es otro que la activación sostenida de nuestro mecanismo de alarma. Por eso voy a proponer una estrategia para desactivar dicho mecanismo de alarma y favorecer así nuestra salud y nuestra capacidad de aprender:

Paso 1. Cuando sienta los efectos de su reacción de alarma, observe lo que le está pasando (emociones y reacciones corporales) y, simplemente describa la situación de la misma manera que describiría un paisaje. No enjuicie las emociones y reacciones. No las califique de malas o de desagradables, solo descríbalas. Usted si está contemplando un desierto y lo está describiendo, no necesita decir que es un lugar desagradable, basta que diga cosas como que hay arena por todas partes, que se percibe un intenso calor,etc. Mi propuesta es que haga lo mismo con lo que siente y nota en su cuerpo.

Paso 2. ¡Ni se le ocurra quedar cautivo de esas historias mentales que todos tendemos a contarnos cuando algo no es como nos gustaría que fuera! No practique “la rumiación mental” por seductora que le parezca.

Paso 3. Lleve su atención a la respiración, al aquí y ahora, al presente. Si le cuesta llevar la atención a la respiración, cuente números o ponga su atención en los sonidos que escuche. Todo menos llevar la atención a la “jaula de grillos” que es ahora su cabeza.

Paso 4. Decida qué es en ese momento lo prioritario, lo esencial, la única cosa en la que usted debe de enfocarse. Tal vez sea en mantener la serenidad, en descubrir algo valioso, en sentirse más libre frente a las emociones disfuncionales que tienden a gobernar su vida.

Recuerde que entre el saberlo y el saber hacerlo está la sabiduría. Sé por experiencia que aunque esta metodología es sencilla, cuesta practicarla. Le animo a hacerlo porque el fruto de ella es uno: la libertad.

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