LA FRUTA Y LA VERDURA, unos alimentos saludables para el verano. Nuevo post para Asalvo

http://www.clubasalvo.com/2014/06/la-fruta-y-la-verdura-unos-alimentos-saludables-para-el-verano/

Por Ana Roa, psicopedagoga y profesora de E.I.

1. ¿Tiene interés por las frutas y verduras?

En muchas ocasiones nos encontramos con que los niños no tienen ningún interés por comer fruta, tal vez por la novedad que supone su distinta textura o bien las sensaciones que producen en la boca.

Su sabor, especialmente el de  las más ácidas, no se parece en nada al de la leche y además no están calentitas como la propia leche o la papilla de cereales. En el caso de las verduras, más amargas que otros alimentos, los niños también pueden sentir cierto rechazo, sobre todo porque en principio otros alimentos como los cereales o azúcares sacian antes su hambre y su sabor dulce atrae más que los sabores que se aprenden con el tiempo tales como el ácido, el amargo y el salado.Dados los beneficios de estos alimentos, conviene lograr que se acostumbren a tomarlas de una forma lo más natural posible y nada traumática, pues frutas y verduras aportan gran cantidad de vitaminas necesarias para el desarrollo de sus defensas y correcto desarrollo. Se trata además de una cuestión de hábitos, cuanto más las tomen más les gustarán, y si no  las incluimos en su dieta habitual, los niños no las tomarán nunca por iniciativa propia… por ello, y dado que los niños aprenden mucho por imitación, trataremos de servirles de ejemplo en la mesa, haciendo que vean cómo los mayores tomamos continuamente este tipo de alimentos debido a lo buenos que son y a lo ricos que están.

2. ¿Qué cantidad debe tomar?

A partir del año el niño debería tomar al menos una pieza de fruta cítrica  dado su aporte de vitamina C y otra pieza adicional  y  unos 200 gramos de verdura, incrementándose esta ración sobre todo a partir del tercer año. Antes del primer año la cantidad es variable pero sí es importante que empiece a tomarlas para que se vaya acostumbrando y se beneficie del aporte de sales minerales, vitaminas, fibra,  y se mantenga correctamente hidratado dado el alto aporte de agua de las mismas.

 3. Trucos para ofrecérsela

Tal y como hemos mencionado,  el ejemplo de los mayores en la mesa se constituye como la mejor táctica para que el niño pruebe las frutas y verduras. Puede ser que al principio no les hagan mucho caso, pero si día a día ve comer a sus padres un día acelgas, otro espinacas, otro judías verdes… y para el postre en lugar de bollería toman una manzana, pera, plátano… cuando haya visto más de veinte veces lo mismo casi con toda seguridad habrá bajado las barreras para empezar a probarlas, especialmente si el niño aún no ha cumplido los cuatro o cinco años, momento en el cual empieza a ser un poco más difícil empezar a introducir estos alimentos, aunque eso no significa que sea imposible.

Las piezas que les demos a los niños no deberían estar frías sino más bien a temperatura ambiente, y si les cuesta masticarlas se les pueden ofrecer recién triturada; al principio se les puede endulzar un poquito, pero no interesa que se acostumbren a tomarlas de tal modo que la fruta pierda su propio sabor y es más conveniente que estén maduras y con aspecto agradable.

No conviene forzar demasiado porque hay que evitar que se produzcan ciertas asociaciones de rechazo a unos determinados sabores y texturas, pero sí que hay que hacerles comprender que al menos deben probar un bocadito, para que así por lo menos vayan tomando contacto con estas “novedades” en su dieta. Si nosotros mismos tomamos conciencia de que los niños se fijan mucho más de lo que nos pensamos en todos los detalles y empezamos a decir en la mesa lo rica que está la verdura que estamos comiendo o hacemos referencia a lo fuertes que vamos a ponernos tomando cierta verdura y que ya estábamos deseando tomarlas otra vez porque es muy buena para ver mejor o para tener los brazos fuertes, los niños estarán en mucha mejor predisposición para imitarnos.

Un truco que podemos utilizar es proponer ciertas alternativas, como por ejemplo dejarle elegir entre dos tipos de verduras que tengamos preparadas de antemano. El niño se dará cuenta de que su opinión es muy importante, porque él mismo es quien está eligiendo qué es lo que va a comer, y a la vez nos dará pistas para ver qué sabores son los que le van agradando más y que podremos utilizar como base para elaborar distintas recetas que incluyan ese sabor que les gusta más.  Las distintas mezclas de sabores y texturas que nos ofrece nuestra variada gastronomía son un elemento fundamental para ayudarnos en este proceso de introducir las verduras en la dieta habitual del niño.

715821187_bfa6e0f93eTambién podemos añadir frutas y verduras a los alimentos que ya sabemos que le gustan al niño. Por ejemplo, si le gusta mucho la pasta, podemos incluir en ese plato unas verduritas un poco “camufladas”, cuya cantidad podemos ir aumentando paulatinamente… lo mismo ocurre en su papilla de cereales, a la que podemos ir incorporando distintas frutas e ir probando con cuál es más fácil que el niño se termine su plato.

La presentación del plato, la imaginación que le pongamos a la hora de que al niño “le entre por los ojos” nos facilitará también que se reduzcan lo más posible los rechazos a los nuevos sabores; tener en cuenta recetas en las que utilicemos la fruta o la verdura cortada de determinadas formas para que asemejen ojos, bocas, una nariz… y donde el niño ayude a colocar las distintas piezas para dar forma al plato, nos servirá para que se implique en la elaboración de eso que él mismo se va a comer y le va a poner muy fuerte.

Por supuesto que el proceso no es muy sencillo, desde siempre nuestras madres nos han dado la pista necesaria para conseguir que tomemos aquellos alimentos necesarios para nosotros y que todos hemos tenido dificultades por norma general para aceptar. El truco está en la constancia y en la correcta selección para hacer que nuestros hijos aprendan realmente a comer y sigan una dieta equilibrada que nos agradecerán toda la vida.

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