LA OBSTINACIÓN POR NATURALEZA: ES “MUY CABEZOTA”, ¿qué puedo hacer?…

Podemos decir que la testarudez es una etapa dentro del desarrollo evolutivo de cualquier niño. Durante los primeros tres años, los pequeños son tan egocéntricos como obstinados y nuestra posición debe basarse en el apoyo para que todo se vaya superando.

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Resulta enormemente costoso y agotador intentar erradicar conductas testarudas de manera continuada, es preferible hacerle entender que lo que hace no está bien.

La Tozudez, una etapa pasajera.

Detrás de los comportamientos obstinados suele existir una razón de peso que los fundamenta muy relacionada con el desarrollo de sus habilidades. En estos primeros años está inmerso en el universo lingüístico, pero aún no lo domina, sólo puede comenzar a expresarse con palabras sencillas y muy breves entre las que encontramos el temido ¡no! . “NO” es un monosílabo fácil de pronunciar y el pequeño se siente seguro cuando lo dice. Es importante tener en cuenta que este periodo será breve y nuestra actitud no debe ser ni demasiado rígida ni, por el contrario, excesivamente complaciente (las rabietas o los comportamientos no adecuados socialmente no deben ser aceptados)

¡No!, ¡no! y ¡no!…, ¿ahora qué hago?

En primer lugar, la condición imprescindible es tener paciencia. Una vez que nosotros nos sentimos con autocontrol, es importante no hacerle razonar y discutir como si fuera un conflicto entre adultos, pero, tampoco ceder ante sus peticiones como una costumbre. A veces se intentará quitar la ropa una vez puesta, otras se colocará las manos encima de la boca par no comer, más tarde no querrá sentarse en el cochecito y se mostrará rígido totalmente…, en todos estos casos resulta muy útil desviar su atención hacia otros objetos o conversaciones diferentes para intentar conseguir nuestro objetivo.

Recomendaciones para actuar ante la tozudez

-Darnos cuenta de aquellas situaciones que le provocan mayor grado de testarudez. Por ejemplo, cuando ya es la hora de cenar y debe guardar los juguetes, es aconsejable avisarle con cierto margen para que se vaya haciendo a la idea de la siguiente actividad. Se crea así un espacio de transición que facilita el cambio.

-Aumentar el umbral de la paciencia. El “no” del niño no tiene que ser necesariamente una falta respeto, sino una forma de autoafirmar su propia identidad. Se trata pues de una fase normal en el desarrollo del ser humano que conviene contemplarla tal y como es, desdramatizando ciertas situaciones.

-Ser flexibles e identificar aquellas conductas que resultan inadmisibles para priorizar y actuar con rapidez sobre ellas. En las ocasiones en las que no es posible ninguna alterativa (dar la mano para cruzar la calle, por ejemplo) no conviene dar opciones aunque sí es positivo comentar las causas que aconsejan hacer las cosas de una determinada manera.

-Hablar de manera clara y concreta. Las órdenes y explicaciones serán breves y adaptadas a su desarrollo lingüístico madurativo.

-Eliminar el exceso de normas, procurando que las situaciones positivas superen a las negativas y no “pinchar” al niño a priori diciéndole que hoy va a hacer él solito esa actividad que tanto le desagrada… mejor comentarle que podemos ayudarle o que él elegirá algo de la actividad para acabarla, dando por hecho que se va a realizar.

-Desviar su atención hacia otros temas cuando la situación se presenta con dificultad. Una vez que haya pasado “la tormenta”, trabajaremos sobre el conflicto con calma, actuando sobre las acciones y no sobre el “no” que ha dicho el niño.

-Asegurarse de educar en conjunto con nuestra pareja o familiar cercano. Si los niños perciben desacuerdo entre las partes, se aprovechará aún más de la situación y se saldrán con la suya.

– Procurar no decir demasiadas veces “no” al niño, pues es preferible decirle al niño que tenemos que pensar algo si no estamos seguros antes de decirle que no. Por supuesto, si la respuesta es que sí, procederemos sin mucha dilación para evitar otros conflictos.

-Valorar su evolución y destacar siempre sus avances positivos; así es conveniente dar opciones en aquellos aspectos como los juegos, la pieza de fruta o el color del pantalón para que el niño elija y se sienta más libre y autónomo.

 

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4 respuestas a LA OBSTINACIÓN POR NATURALEZA: ES “MUY CABEZOTA”, ¿qué puedo hacer?…

  1. Me parece que mucho de lo que comentas se podría resumir en una palabra: empatía, empatía con lo que siente nuestro hijo o nuestro alumno, empatía y aceptación de su sentimiento. Quizá nos es difícil como adultos esa empatía con ese mundo que comienza ese universo de cada hijo de cada alumno, seguimos en nuestro mundo, necesitamos que nos haga caso, tenermos prisa para hacer otras cosas, queremos meterle en la cama… ese es nuestro mundo… nos hemos detenido a escuchar el suyo?

  2. roaeducacion dijo:

    Gracias por tu aportación Antonio, estoy totalmente de acuerdo con tus comentarios.
    Un saludo, Ana Roa

  3. Ana Rosa:
    Tu artículo me parece estupendo y el comentario de Antonio lo completa.
    Muchas gracias a ambos

  4. roaeducacion dijo:

    Muchas gracias por tu aportación, Manuel-Fdo.
    Un saludo, Ana Roa

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