UNA ADECUADA EDUCACIÓN EMOCIONAL, EXPRESIÓN SEGURA DE LOS AFECTOS

Apuntes sesión sexta para Escuela de Padres de ATELMA (Taller de Desarrollo Emocional)

foto Atelma

1. El mundo emocional en la Etapa Infantil

Desde el octavo mes hasta el primer año de vida las emociones más puras se identifican por su expresividad, así en los bebés reconocemos alegría, enfado o rabia, miedo, tristeza, placer…

Con la llegada de los dos años las emociones se vuelven más complejas y aparecen variantes de las anteriores como la vergüenza o derivaciones del afecto, por ejemplo, los celos. Cada niño es un ser único y su mundo emocional es muy variado, subjetivo y de múltiples componentes. En nuestra labor educativa debemos descubrir cómo cada alumno va construyendo su universo emocional, su capacidad de evolucionar emocionalmente y, tener en cuenta que sobre los 3 ó 4 años empieza a relacionar y organizar sus emociones en categorías diversas. Entre los 4 y los 6 años los pequeños perciben que su conducta produce reacciones en los demás, entonces comienzan a controlar sus impulsos para terminar consiguiendo una mayor estabilidad emocional e iniciarse en el desarrollo de la conducta moral.

2. ¿Cómo podemos contribuir al desarrollo emocional de los niños durante estos primeros años?

– Incorporando en el juego variantes emocionales
– Comprendiendo sus narraciones imaginarias
– Conversando sobre las emociones que experimentan las personas
– Escuchando sus preguntas y dudas emocionales con afectividad y cierto grado de empatía
– Observando ante qué emociones se sienten más incómodos
– Animándoles a hablar y a expresar sus sentimientos
– Aportándoles seguridad y confianza
– Mostrándoles alternativas para canalizar la rabia, la agresividad y el miedo

Es importante encauzar las emociones de los pequeños para llegar a un autocontrol emocional acompañado de inteligencia y vinculado a valores sociales y morales.

3. La expresión del cariño
Cuando los niños nos manifiestan su afecto quedamos cautivados. Sus besos, sus abrazos y sus caricias en estado puro son las primeras manifestaciones de un desarrollo emocional. De acuerdo con estas afirmaciones, es muy conveniente mencionar la necesidad de los pequeños de una educación emocional que les ayude a identificar sus sentimientos para poder establecer buenas relaciones con los demás.
¿Cómo podemos contribuir desde el mundo adulto? En primer lugar permaneciendo receptivos a sus demostraciones agradeciéndolas e invitándoles a exteriorizar su cariño de la forma más natural posible. El paso siguiente consistirá en animarlos a hacerlo pero sin presiones, siempre desde la espontaneidad.
Seremos modelos para ellos si expresamos el cariño:
-Amando sin reservas y de manera incondicional
-Recordando que amamos aunque creamos que no necesitan escucharnos
-Corrigiendo su comportamiento sin descalificar cuando ha hecho algo que está mal
-Proporcionando abrazos, caricias y miradas de confianza, seguridad y complicidad
-Permaneciendo a su lado mientras crecen tanto en los logros como en las frustraciones

4. La importancia de una buena Educación Emocional, la expresión de los afectos

Cuando las pautas básicas válidas para la expresión del afecto no se desarrollan, los pequeños quedan atrapados en su mundo emocional. Los niños necesitan unas bases mínimas para sentirse seguros y confiados en si mismos; una adecuada educación que fomente su inteligencia emocional les permitirá canalizar esas emociones en estado puro, reelaborarlas y mostrarlas a los demás.
Podemos definir la inteligencia emocional como “la capacidad para supervisar los sentimientos y las emociones de uno mismo y de los demás, de discriminar entre ellos y de usar esta información para la orientación de la acción y el pensamiento propios” (Salovey y Mayer. 1990). Cuando educamos no solamente podemos trabajar con los conocimientos, se hace imprescindible el tratamiento de la emoción para completar el proceso global de aprendizaje.
Siguiendo las pautas de “Inteligencia Emocional: el secreto para una familia feliz” (Dirección General de la Familia, Comunidad de Madrid. Colección Guías) encontramos algunas herramientas enriquecedoras para educar a nuestros hijos en inteligencia emocional:
-Acostumbrarse a hablar de emociones: Es importante expresar algo más que los hechos cotidianos, es decir, considerar los pensamientos, las interpretaciones de lo que ocurre y los sentimientos vivenciándolos aportarán mayor naturalidad en el seno de la familia.
-Enseñar a identificar las emociones y ponerles nombre: Cualquier situación es una oportunidad nueva para enseñar a nombrar emociones. De esta manera, el vocabulario a la hora de expresar emociones se enriquece y se concretan los sentimientos. La familia mejora sus relaciones y toma una mayor conciencia como núcleo del estado de cada miembro.
-Evitar realizar juicios acerca de las emociones del otro: Es preciso darse cuenta desde el ámbito familiar como primer agente socializador que los sentimientos no pueden ser utilizados como elementos de valoración de las personas y diferenciarlos de las conductas.

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