¿Sufres WhatsAppmanía? 12 trucos para que el WhatsApp no te coma la vida. Colaboración para mujerhoy.com

  • ¿Eres adicta al WhatsApp? Haz este experimento. Coloca el móvil a una distancia prudencial y con el sonido apagado y después anota el tiempo que tarda en surgir tu impulso de ir a ver si hay algún mensaje. Aguanta… Observa lo que tu mente te dice y las excusas que empiezas a contarte para justificar por qué es importante comprobar si tienes mensajes…

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Y ahora responde: ¿Cuánto tiempo has aguantado sin mirarlo? Esta prueba a la que nos invita la psicóloga Elena Domínguez, del Equipo Actúa es la mejor forma de experimentar por uno mismo el grado de tu dependencia al WhatsApp. ¿Ya sabes cuál es? Es el momento de leer las 12 claves que han dado los expertos a Mujerhoy para que el WhatsApp, de verdad, no te coma la vida.

1. ¿Es la vía más adecuada para comunicarnos? Para responder a esta pregunta Ana Escobar, psicóloga, coach y socia de Vak.Coaching, invita a valorar el contenido del mensaje y la situación en la que se encuentra el emisor del mensaje. Así, no es recomendable su uso en las relaciones profesionales o comerciales con proveedores o clientes, para concretar temas en materia de separaciones y divorcios, para poner fin a una relación personal o profesional, para expresar los sentimientos a alguien con quien no se tiene confianza, en situaciones en las que se pueda producir un malentendido y, en general, para expresar mensajes en cuya transmisión sea fundamental escuchar el tono de voz y mirar a los ojos de la otra persona.

2. Estudia tu comportamiento. Uno de los primeros pasos para evitar que el WhatsApp te coma la vida es plantear cuál es el motivo de la adicción que sufrimos. Así, la responsable de metodología de Quierebien.com, Lola Hernández, invita que nos hagamos estas preguntas: “¿Suple alguna necesidad o carencia? ¿Abusas de este medio porque tienes dificultades para relacionarte en persona? ¿Qué función cumple realmente el WhatsApp en tu vida? “Una vez que hayas encontrado la respuesta a estos interrogantes será más sencillo aplicar una solución práctica y voluntariosa para desengancharse”, argumenta.

3. No actués por inercia. Para Elena Domínguez, psicóloga de Equipo Actúa, lo importante es tomar conciencia de lo que uno siente cuando está recibiendo y respondiendo mensajes dentro de un grupo. “Pregúntate: ¿Qué quiero conseguir o transmitir dentro de ese grupo? Quizá no te resulte práctico, pero sin duda lo es y elimina muchos problemas, conflictos y dependencias”, sugiere.

4. Usa el buen rollo como imán. “Sé activo solo en los grupos de WhatsApp que tengan buen rollo y sé más pasivo en los que aportan conflicto si, por lo que sea, no es posible salir de ellos. Aunque seas activo, proponte evitar dar opinión sobre todo o intentar llevar la razón todo el tiempo. Si te resulta posible, salte del grupo. No te imaginas lo interesante que puedes llegar a resultar si lo haces. Los que saben gestionar su vida son admirados por los demás”, argumenta la psicóloga de Equipo Actúa.

5. Evita que sustituya otras vías de comunicación. Entre las malas prácticas en el uso del WhatsApp, Ana Escobar, de Vak.Coaching, destaca el hecho de dejar de mirar a nuestros hijos y de prestarles atención por consultar mensajes que no son necesarios o comunicarse en exceso con nuestra pareja por WhatsApp, “sustituyendo de este modo otros cauces mucho más apropiados para regalarle nuestro afecto y tejer cercanía”.

6. El sentido común siempre funciona. “Si lo que tienes que decir, puedes hacerlo en persona, mejorarás la relaciones familiares y personales; generarás bienestar y tranquilidad (esa que tenías ante del nacimiento de esta app) para ti y para los que te rodean y reducirás la ansiedad”, explica la especialista en educación emocional y creadora del Método NSR, Nuria Sánchez Romanos.

7. Marca unos tiempos para el uso. “No debemos permitir que el WhatsApp esté interrumpiendo constantemente el resto de actividades o relaciones con otras personas durante el día. Hemos de ser nosotros quienes controlemos su uso. No es necesario contestar al momento, salvo que se trate de situaciones realmente urgentes”, argumenta Mila Cahúe, psicóloga y autora del libro ‘Amor del bueno’.

8. La mejor compañía no es el móvil. El uso del WhatsApp no resulta adecuado, según explica Mila Cahúe, cuando estemos acompañados de otras personas en general, cuando hagamos actividades incompatibles con la mensajería instantánea (conducir, caminar, correr…) o cuando nuestro cuidado y bienestar sean prioritarios (comida y descanso). Así, debería evitarse en las siguientes circunstancias: en una comida, cuando estamos acompañados de otras personas; cuando se está descansando (siesta o sueño nocturno), cuando estamos hablando con alguien que no tiene nada que ver con el posible contenido del mensaje, en espectáculos (cine, teatro, conciertos…), en las reuniones de amigos o familiares.

9. Momentos especialmente sensibles. Ana Roa, la psicopedagoga y autora del libro ‘¡Viva la vida!’, aconseja controlar su uso sobre todo en aquellas situaciones en las que se pueda ver afectada la salud (si provoca interferencias en el sueño), cuando existen problemas de socialización y aislamiento del mundo real y en momentos de conflictos amorosos, sobre todo si estamos hablando de adolescentes o menores de edad.

10. La diplomacia también funciona aquí. Silenciar todos los grupos y anular la recepción de notificaciones es una vía diplomática que, según explica Ana Roa, puede resultar útil. A la hora de dar prioridad a unos grupos frente a otros, recomienda que usemos como criterio discriminador el mayor o menor vínculo emocional y evaluemos el modo en el que nos dificulta o no nuestra vida diaria.

​11. No dejes margen para el ‘doble sentido’. En todos los casos, es decir, en todos los grupos de WhatsApp la norma general debería ser, según aconseja la especialista en educación emocional, Nuria Sánchez Romanos, “decir lo que se quiere decir y no dejar a la imaginación el mensaje, especialmente cuando se trata de grupos de familia o con la familia política”. Otra de sus recomendaciones es fomentar el respeto y la paciencia tanto al enviar el mensaje como en la espera al recibirlo, así como evitar abreviar pues, ya que se hace el esfuerzo de comunicar algo, hay que hacerlo bien.

12. Relativizar y personalizar. Una vez leídos estos consejos, cabe concluir con la recomendación que da Cipriano Toledo, psicoterapeuta, coach y director de Centro de Psicoterapias Avanzadas, quien considera que basar el hecho de que WhatsApp es una adicción en función del tiempo de uso, sin tener en cuenta otros factores, sería un error. “Quizá tendremos que empezar a acostumbrarnos a nuevas formas de relaciones sociales y a dejar de juzgar herramientas. Sería como decir que un viajante de comercio es adicto al coche porque pasa muchas horas en él”, explica el experto, que se muestra convencido de que el tiempo que una persona para usando WhatsApp no determina si es o no adicta.

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