“PABLO, ¿SIENTES MIEDO?”, extracto de mi libro “El Yo Infantil y sus circunstancias” Capítulo 8

el-yo-infantil                 miedo
http://elyoinfantilysuscircunstancias.com/Index.html

El miedo es una emoción que surge ante situaciones de riesgo o daño que pueden ser reales o imaginarias,  y suponen para quien lo experimenta una sensación de inseguridad, de que pueda pasar algo contario a lo que se desea y sobre lo que no se tiene control. El miedo de alguna forma bloquea, provoca ansiedad y hace que la capacidad para aprender se vea limitada.

SÍMBOLOS: “Ojos muy abiertos con las cejas arqueadas” y “Labios fruncidos”

 
A la vez, el miedo puede aportar ciertos beneficios, pues lleva consigo la puesta en marcha de un mecanismo de autoprotección que mejora la capacidad de respuesta del organismo ante situaciones que exigen una rápida reacción; la persona se vuelve más prudente, intenta alejarse de la situación potencialmente peligrosa y  está más alerta. Desde luego existen miedos que podríamos denominar racionales (aquellos cuyo origen conocemos y de los que somos de alguna manera conscientes) y miedos irracionales (los que no tienen al menos de forma aparente una explicación) tales como ciertas fobias que provocan un enorme rechazo o un  desasosiego intenso y desproporcionado ante entornos u objetos determinados.


Los niños son unos increíbles receptores de información cuyo aprendizaje  se va conformando mediante unos sofisticados procesos conceptuales que se nutren de las más mínimas apreciaciones, gestos, entonaciones…por ello, cuando los mayores, y especialmente sus padres, muestran una actitud plagada de miedos o prejuicios frente al entorno, el niño desarrolla la idea de que fuera de su casa el mundo es algo inseguro y lleno de peligros, lo cual condicionará muy significativamente la percepción de la realidad y por lo tanto su comportamiento.
Tan importante como hacer caso a nuestras sensaciones de miedo en determinadas circunstancias  es la necesidad de controlar esas sensaciones y saber utilizarlas  y expresarlas adecuadamente, canalizando el estrés de forma racional. Tengamos en cuenta que nuestro organismo segrega una sustancia ante una situación de peligro, la adrenalina, que acelera las funciones vitales (aumenta la presión sanguínea, acelera el ritmo cardiaco, dilata las pupilas), lo cual es muy útil para escapar y afrontar ciertos peligros, pero que cuando actúa de forma muy continuada puede  generar dependencia y afectar al sistema nervioso, con aumento de la probabilidad de sufrir un accidente cardiovascular y otras patologías.

En el libro encontrarás ejercicios muy interesantes relacionados con esta emoción.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en AFECTIVIDAD, AUTOCONTROL, EDUCACIÓN EMOCIONAL, EMOCIONES, FAMILIA, HABILIDADES SOCIALES, INFANCIA, PENSAMIENTO POSITIVO, PSICOLOGÍA, PSICOLOGÍA EVOLUTIVA y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s