¿Qué es la memoria?, ¿Sabes utilizar los sistemas memorísticos? Un pequeño repaso

La memoria es algo más que un lugar donde se almacenan nuestros recuerdos. Es considerada por los expertos como una capacidad humana que interviene prácticamente en todas las actividades que realiza una persona en su vida diaria. Sin ella no podríamos llevar a cabo tareas aparentemente tan simples o dispares como leer, conversar, caminar, hacer cálculos aritméticos, recordar la capital de Cuba, conducir, reconocer alimentos o recordar nuestro antiguo colegio.

Memoria

Sin la memoria perderíamos parte de nuestra capacidad para orientarnos (no seríamos capaces de encontrar ni la calle donde vivimos y por supuesto ni el número ni el piso) o para reconocernos (nuestra identidad en cierta medida depende de nuestros propios recuerdos). En definitiva, la falta de memoria constituye un problema para nuestra supervivencia.

 


Una  opinión consensuada entre los investigadores de la memoria es su gran diversidad. De manera global la memoria podría descomponerse en dos partes: los sistemas de memoria o tipos de memoria en los que se concentra la información aprendida, y los procesos o mecanismos que utiliza la memoria para realizar la retención (almacenamiento) y recuperación de la información. En cuanto a los sistemas de memoria, en la actualidad distinguiríamos, al menos, el almacén sensorial, la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo, dividida esta última en memoria procedimental, memoria semántica y memoria episódica.
EL ALMACÉN SENSORIAL
El almacén sensorial o memoria sensorial es el sistema encargado de mantener los estímulos que nos llegan del exterior el tiempo suficiente para que sean percibidos adecuadamente.
LA MEMORIA A CORTO PLAZO (MCP)
La información procedente de nuestros sentidos ha sido procesada en los almacenes sensoriales y, antes de que pase a la memoria a largo plazo (MLP), dicha información es transferida a la MCP. En este almacén temporal se mantiene mediante el repaso hasta que la utilizamos para cualquiera de nuestras actividades como repetir una dirección que nos acaban de dictar. Una vez utilizada, la información guardada en este almacén puede olvidarse por la llegada de otra que la desplace, por el paso del tiempo, o bien pasar a la memoria a largo plazo si nos interesa retenerla para utilizarla en un futuro.
LA MEMORIA A LARGO PLAZO (MLP)
Las últimas investigaciones definen la MLP como un complejo sistema en el que se encuentra almacenado todo lo que conocemos, desde todo lo que nos rodea (la imagen de nuestra casa, de nuestro barrio), nuestros valores, creencias, habilidades motoras (montar en bicicleta, jugar al tenis…) hasta los recuerdos de nuestra niñez. Además, la MLP es definida como un sistema mnésico con una capacidad prácticamente ilimitada de almacenamiento donde la información no se pierde. En la actualidad, la MLP se divide en diversos sistemas en función de la información que almacenan:
– Memoria procedimental: Podríamos decir que es una memoria de cómo se hacen las cosas: cómo montar en bicicleta, cómo conducir,  cómo tocar el piano o la guitarra
– Memoria semántica: Se puede describir como una memoria de los conocimientos. En ella almacenamos todo lo que sabemos del mundo que nos rodea.
– Memoria episódica: almacena el recuerdo de hechos concretos de nuestra propia vida, por ejemplo un día determinado en el que celebramos un acontecimiento especial.
USO DE LOS SISTEMAS MEMORÍSTICOS
Las ayudas pictóricas ayudan a la concentración. La persona piensa en lo que intenta recordar con la suficiente intensidad para hacerse una imagen que contribuye a tener una idea viva de aquello de lo que desea mantener el recuerdo.
Memorización de nombres. El primer paso para memorizar nombres consiste en escucharlos cuidadosamente y asegurarse de que se han entendido. Si se trata de un nombre de persona poco común y pensamos que no lo hemos oído bien, no hay ningún problema en pedir a la persona que lo deletree, así se evita la memorización incorrecta que solo servirá para confundir el nombre auténtico cuando hayamos descubierto nuestro error. Una vez conocido el nombre, es recomendable utilizarlo durante la primera conversación con la persona para que quede asociado a ella.
Asociación de ideas. Si queremos acordarnos de que tenemos que telefonear a un amigo o dar la comida al gato de una vecina cuando está de vacaciones, podemos dejar una nota que nos lo recuerde, programar una alarma en nuestro teléfono móvil o hacer alguna asociación sorprendente: dejar el paraguas cerca del teléfono o un recipiente en medio de la mesa de la cocina. Cuando veamos los objetos diremos: “¿Qué está haciendo eso ahí? ¡Ah!,  tengo que telefonear a Juan/alimentar al gato.” Estas ayudas a la memoria, similares al cordel atado al dedo, son las que suele idear la mayoría de las personas.
Visualizar la escena. La más significativa de todas las ayudas de imágenes es  visualizar la escena. Debemos insistir en la imagen y examinarla antes de olvidarnos de ella. Una vez realizado este paso, podemos integrarla en una secuencia de escenas (si son varias cosas a recordar) o simplemente en una escena única y pintoresca.

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